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El Comunicado - JL Herrera


Dissabte, 28.4.2018. 00:00 h

De vuelta al Franquismo


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España miente. Porque su Gobierno miente. No cabe provocación que valga ante esa afirmación. A estas alturas, pocos son los ciudadanos que no lo refrenden, sean de donde sean. El mentir a su propio país y hacerlo como herramienta cotidiana para mantenerse en el Gobierno, trasmitiendo un discurso  falso, hace que cada vez se le tenga menos decoro a ser reiterativo con ese plan. Son profesionales en esas artes por la experiencia de épocas anteriores.

Rajoy miente, además de no decir la verdad. Son dos cosas diferentes. Que Rajoy miente ha quedado demostrado en medios de comunicación y tribunales, pero también por el sencillo ejercicio de superponer sus propias afirmaciones. En cuanto a que Rajoy no dice la verdad, basta con repasar sus múltiples “no lo sé”, “no lo recuerdo” o “no me consta”.

Se aprecia vergonzosamente con los múltiples casos de corrupción que pesan sobre su partido y sus dirigentes, que la fórmula elegida para gobernar es solo para ellos, para nadie más. La manera facistoide de judicializar la política va siendo descubierta por la ciudadanía de aquí y la de otros países y no con sorpresa. En estos momentos en este Estado no sólo hay ya una legalidad constitucional.

España no va a cambiar nunca, lo lleva en sus genes. En la actualidad solo impera la ley de la represión, la del más fuerte. No hay juicio de valores políticos. No se puede intervenir el mandato del Parlament de Catalunya cuando ha sido respaldada por la ciudadanía tras un sufragio democrático. Eso merece un enorme respeto. La palabra democracia viene de ahí, del poder del pueblo. Sino hablamos de fascismo.

Un divorcio no entiende de lo que diga una Carta Magna ‘a la fuerza’. Ni de una represión policial ‘a la fuerza’, y de encarcelaciones o exilios ‘a la fuerza’. Nadie debe intentar construir un relato falseado de la realidad con retórica panfletera de ultraderecha de unidad y grandeza. En un divorcio, separación o ruptura, existen dos legalidades. Porque esta vez sí, por fuerza, cada uno ha de tener el mismo derecho. El mismo. Se soluciona sentándose a hablar.

Sino estamos hablando de fascismo puro y duro. La definición que hizo Carl Schmitt sigue vigente. Ese pensador conservador pronazi sostuvo que el Estado de excepción no es una circunstancia en la que las leyes queden suspendidas, sino un espacio en el que el poder soberano se arroga toda la autoridad sobre el conjunto de los ciudadanos sibilinamente.

En una relectura posterior de esa tesis, el filósofo italiano Giorgio Agamben afirmó que el Estado de excepción no es una dictadura sino un espacio sin leyes, o estas están ‘adoctrinadas’. De ahí su advertencia sobre las imprevisibles consecuencias de la excepción una vez que se restauran las leyes previas. Ya nada vuelve a ser igual. En este caso, ni para España ni para Catalunya.

La restitución de la Generalitat con nuevo candidato de President y la retirada del 155, no cambiará nada. La hoja de ruta independentista fijó tres leyes de 'desconexión': la de Seguridad Social, la de la Hacienda Catalana y la de transitoriedad jurídica. Se ve inviable que tras los altercados dignos de una dictadura del 1-O y el trato vejatorio a los presos políticos, y exiliados, el nuevo Govern le dé la espalda  a esas bases de una legalidad catalana, y el Gobierno siga sin entender que Catalunya es Republicana, que ya no le cree, y ha pedido el divorcio.
 
Poco a poco van saliendo otras voces a escena.Alemania no le tiene, de repente, manía a España porque sí. Pero si algo no permite ese país, tras su dura experiencia histórica sobre el fascimo y los abusos políticos, es que la fuercen a hacer algo en su contra. El último ejemplo lo tenemos con la condecoración a los policías alemanes que detuvieron aCarles Puigdemont. Como no colará el informe ‘forzado’ para el juez del Supremo Llarena de parte del ministro Montoro.

El President ha mencionado varias veces la denuncia de falta de libertades y garantías jurídicas en el Estat espanyol. Como hay separación de poderes la justicia Alemana no ha visto rebelión y sí a un preso político. La desesperación de los partidos unionistas es visible. Los que pensaban que todo acabaría con el autoritarismo del 155 ven como esto sigue con la misma fuerza o más. Sino que se lo digan a los ciudadanos de Sant Esteve de les Roures…

JL Herrera Vega
Ciéncies de la Informació i la Comunicació
El Comunicado


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