Josep Huguet


Dissabte, 19.8.2017. 19:36 h

CAÑONES Y ARADOS

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Jacques Savary des Brûlons, inspector general de la Aduana de París bajo el reino de Luis XIV, escribía en "Dictionnaire universel de commerce .." (Paris, 1723): "Si los grandes imperios se han establecido por la fuerza de las armas sólo se consolidarán con el soporte del trabajo, la industria y el negocio. Los vencedores languidecerán con los vencidos si, siguiendo las Escrituras, no transforman las armas en arados; es decir, si no son capaces de poner en marcha recursos con la tierra, las manufacturas y el comercio, para conservar con las artes tranquilas de la paz, las ventajas adquiridas con los horrores de la guerra "
Recordaba esta cita del burócrata borbónico, en pleno estallido del conflicto de El Prat, paradigma de la guerra económica del Estado y su clase dominante contra una parte de su territorio y de las clases subalternas. En pleno siglo XXI, los analistas señalan como la inteligencia económica, el espionaje y la competencia industrial, tecnológica y comercial son la nueva frontera de los enfrentamientos armados del pasado. Y advierten que hay que muscular y dotar de capacidad competitivida internacional a todo el tejido humano y territorial propio. Ante el hard power se está imponiendo el soft power y el smart power para conservar o mejorar la posición internacional de la propia sociedad. Así los Estados más dinámicos hace tiempo que han establecido mecanismos de coordinación entre departamentos públicos y entre empresas y sector público para mejorar las ventajas competitivas.
La inteligencia económica es la protección, la colecta y el análisis de las informaciones económicas para permitir a quienes deciden hacerlo bien. La información y espionaje económicos permiten saber antes que los demás. Dentro de la guerra por la información de la que estamos viviendo varios episodios con protagonistas en las grandes potencias, las grandes empereses que controlan datos y los hackers que trabajan para unos u otros. La potencia de los GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) está muy por encima de la mayoría de Estados. Y las grandes empresas que a pesar de los paraísos fiscales que las protegen, tienen patria actúan con la cobertura de aparatos de Estado para proteger sus informaciones sensibles o para ir a buscar las de los competidores. Los Estados Unidos, Rusia, China, y algunos Estados europeos como el Reino Unido, Francia o Suecia hace tiempo que han constituido mecanismos de intervención coordinados para la defensa abierta o encubierta de la propia economía y la desestabilización, si es necesario, de la los concurrentes.
El control de la información en abierto representa un 60% del total, la información desleal- sin llegar a la ilegalidad, un 20% y un 20% más de información negra, ilegal, conseguida desde las alcantarillas. Los Estados y las grandes empresas suelen jugar a todas ellas, pero sólo lo pueden hacer rayando la ilegalidad, en la medida que justifican ante sus ciudadanos- sobretodo si estamos en democracias consolidadas- que el objetivo de estas nuevas vías de guerra encubierta es en beneficio del común. Los métodos son variados: el recomendado y inocente "benchmarking, las falsificaciones de productos y contrainformaciones, el reclutamiento de personal del adversario o caza furtiva, la estrategia del humanitarismo alineado (las acciones humanitarias deben tener retorno económico para el país donante), el lobbying ante las instituciones supra estatales y los escudos normativos, del establecimiento de normas con argumentos de seguridad o de control sanitario para encubrir políticas proteccionistas.
Quienes sabemos cómo actúa el Estado español en este escenario internacional constatamos cuán lejos está de los estándares más avanzados del planeta en inteligencia económica. Que lejos está del soft power, imaginado por Joseph Nye y que en su momento los EE.UU. definieron como pentágono: armas moneda, Hollywood, internet y CNN. Y que lejos del smart power definido por Hillary Clinton ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado el 13.01.2009, como "abanico completo de útiles que están a nuestra disposición (diplomacia, economía, armada, política, derecho, cultura ) por separado o coordinadamente. El smart power al servicio de la diplomacia convertirá la vanguardia de la política exterior "
Los americanos por ejemplo han ganado la partida en diversos concursos internacionales, sólo poniendo en evidencia que sus competidores europeos utilizaban el recurso de la corrupción para ganar el concurso. Pues bien, la política exterior española que tiene a la monarquía como embajadora de lujo y comisionista declarada, trabaja sobre todo para las grandes empresas del capitalismo del BOE y intermediando al estilo decimonónico, con comisiones por medio, en ventas, concesiones y concursos vinculados al sector público de estados escasamente democráticos. Por ejemplo de Arabia Saudita y Emiratos árabes que financían el terrorismo que ha golpeado Catalunya.. Ningún esfuerxo digno de mención a favor de la gran la masa de pymes concentradas en la periferia de la península (Catalunya, Valencia, Aragón, Euskadi) y que aguantan el peso del empleo y buena parte de la exportación, junto con las multinacionales industriales implantadas en este caldo de cultivo periférico.
Pero no sólo son inútiles en esta acción de inteligencia internacional. El Estado y sus empresas simbióticas se dedican a practicar la guerra económica en el interior del Estado contra partes de los su territorio y del tejido de pymes y clases medias más creativas y activas del conjunto. La política de infraestructuras viarias, aeroportuarias, portuarias, las políticas energéticas, financieras, de comunicación son un auténtico fiasco desde el punto de vista de capacidad combativa internacional, pero en cambio sirven para avivar una guerra interna contra el eje mediterráneo, que también perderán junto con la externa. La imagen de la Guardia civil en El Prat substituyendo a los pobres 300 trabajadores que son un tercio de los que hay en Barajas para las mismas funciones, indica que España todavía está en el siglo de las cañoneras. Sólo la imposición y la fuerza para los combates internos por la hegemonía. Y incapacidad de ser nada internacionalmente por incomparecencia en el soft y el smart power. Incapaz de cara al exterior, porque es incapaz de practicarlos de cara al interior. Si Jacques Savary levantara cabeza se daría cuenta que en España nunca han sido capaces de transformar cañones en arados. Por ello, los del proceso de emancipación de Catalunya van a ganar.

Traducido de la versión que en versión reducuda se publicó en catalàn en el diario "EL PUNTAVUI" http://www.elpuntavui.cat/opinio/article/8-articles/1217758-canons-i-arades.html 
 

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